miércoles, enero 11, 2006

El juego de las Toponimias: El monumento a Claudio Moyano


El juego de las toponimias: el monumento a Claudio Moyano


En el último número de la revista Salamandra podemos encontrar un interesante artículo de Juan Carlos Otaño: “Introducción al juego de las toponimias”. El juego consiste en (re)nombrar los monumentos de nuestras ciudades, porque, como dice el autor: “Nombrar, designar, nunca es un acto arbitrario. El nombre no es solamente una etiqueta que se coloca sobre los objetos: es cuando se escribe el nombre secreto en la frente del Golem, únicamente entonces, cuando la materia inerte se anima de vida.”

Con el espíritu crítico que nos caracteriza hemos elegido un monumento de Madrid que ejemplifica perfectamente la realidad de nuestro tiempo, el avance inexorable de un progreso que no se detiene ante nada: el monumento a Claudio Moyano.

OBJETO EN OPOSICIÓN: Claudio Moyano, sosteniendo un libro en sus manos, dirige la vista hacia la glorieta de Carlos V y el Paseo de Santa María de la Cabeza. A su espalda quedan las casetas de libros de la Cuesta de Moyano, ocultas por las obras de una estación eléctrica.

LO QUE SUCEDE: Moyano está arrancando las páginas del libro. Es un visionario que supo ver con antelación las maravillas del progreso, por eso destruye un libro -símbolo del pasado-, mientras su vista contempla el constante ir y venir de los automóviles -vanguardia del nuevo mundo-. Esta pugna entre lo nuevo y lo viejo transcurre también a sus espaldas, con el triunfo del progreso -representado por la estación eléctrica- sobre las ruinas románticas del pasado –la casetas de libros-. Como diría Benjamin: “Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.” Los libros son un residuo del pasado y, como tal, no valen nada frente a las necesidades que nos impone el progreso de la sociedad industrial.

LO QUE DICE LA ESTATUA: “El sueño de la razón produce monstruos”

NOMBRE DEL LUGAR: Fahrenheit 451

MODIFICACIONES: Se debería borrar el nombre de Claudio Moyano para poner en su lugar el de Beatty, el capitán de los bomberos de Fahrenheit 451. Dejaría las casetas de libros tal y como están, abandonadas, con una advertencia al comienzo: “Siempre lo he dicho, poesía y lágrimas, poesía y suicidio y llanto y sentimientos terribles, poesía y enfermedad. ¡Cuánta basura!”





En homenaje a los libreros de la cuesta de Moyano.

3 Comments:

Anonymous Juan Carlos Otaño said...

Perfecto.

9:29 p. m.  
Blogger Mawrur said...

Vale... y de paso reescribamos la historia.

4:21 p. m.  
Blogger Colibrí Lillith said...

¿Realmente existe una estatua así?

Pues sí, a renombrarla... y reescribir la historia (hacia otra dirección, espero).

9:25 p. m.  

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