miércoles, enero 25, 2006

García Lorca (Los poetas perdidos II)



ELEGÍA A UN POETA MUERTO


Así como en la roca nunca vemos
La clara flor abrise,
Entre un pueblo hosco y duro
No brilla hermosamente
El fresco y alto ornato de la vida;
Por esto te mataron, porque eras
Verdor en nuestra tierra árida
Y azul en nuestro oscuro aire.


Leve es la parte de la vida
Que como dioses rescatan los poetas.
El odio y destrucción siempre perduran
Sordamente en la entraña
Toda hiel sempiterna del español terrible,
Que acecha lo cimero
Con su piedra en la mano.


Triste sino nacer
Con un ilustre don
Aquí, donde los hombres
En su miseria sólo saben
El insulto, la mofa, el recelo profundo
Ante aquel que ilumina sus opacas palabras
Por el oculto fuego originario.


La sal de nuestro mundo eras,
Vivo estabas como un rayo de sol,
Y ya es tan sólo tu recuerdo
Quien yerta y pasa, acariciando
El muro de los cuerpos,
Con el dejo de las adormideras
Que nuestros predecesores ingirieron
A orillas del olvido.


Si tu ángel acude a la memoria
Sombras son estos hombres
Que aún palpitan tras las malezas de la tierra;
La muerte se diría
Más viva que la vida
Porque tú estás con ella,
Pasado el arco de su vasto imperio,
Poblándola de pájaros y hojas
Con tu gracia y tu juventud incomparables.

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Igual todo prosigue,
Como entonces, tan mágico
Que parece imposible
La sombra en que has caído;
Mas un inmenso afán oculto advierte
Que su ignoto aguijón tan sólo puede
Realizarse en nosotros con la muerte,
Como el afán del agua,
A quien no basta esculpirse en las olas,
Sino perderse anónima
En los limbos del mar.


Pero antes no sabías
La realidad más honda de este mundo:
El odio, el triste odio de los hombres,
Que en ti señalar quiso
Por el horrible acero su victoria,
Con tu angustia postrera
Bajo la luz tranquila de Granada,
Distante entre cipreses y laureles.
Y entre tus propias gentes
Y por las mismas manos
Que un día servilmente te halagaran.


Para el poeta la muerte es la victoria;
Un viento demoníaco le impulsa por la vida,
Y si una fuerza humana
Sin comprensión de amor
Transforma por un crimen
A ti, cantor, en héroe,
Contempla en cambio, hermano,
Cómo entre la tristeza y el desdén
Un poder más magnánimo permite a tus amigos
En un rincón pudrirse libremente.


Tenga tu sombra paz,
Busque otros valles,
Un río donde el viento
Se lleve los sonidos entre juncos
Y lirios y el encanto
Tan viejo de las aguas elocuentes,
En donde el eco como la gloria humana ruede,
Como ella de remoto,
Ajeno como ella y tan estéril,


Halle tu gran afán enajenado
El puro amor de un dios adolescente
Entre el verdor de las rosas eternas;
Porque esta ansia divina perdida aquí en la tierra,
Tras de tanto dolor y dejamiento,
Con su propia grandeza nos advierte
De alguna inmensa mente creadora,
Que concibe al poeta cual lengua de su gloria
Y luego le consuela a través de la muerte.


Luis Cernuda