jueves, noviembre 17, 2005

Más allá de Bolonia. Notas apresuradas sobre la reforma educativa, la mercantilización de la universidad y la miserabilidad de nuestras vidas.



Está bien defendida la Ciencia, os lo aseguro; la Facultad es un armario bien cerrado. Muchos tarros y poca confitura.

Louis-Ferdinand Céline: Viaje al fin de la noche


La Universidad ha vuelto a salir a la calle. Con timidez, como pidiendo perdón por anticipado, excusándose: “nosotros no queremos, pero nos obligan a ello.” La razón: el plan Bolonia, un nuevo paso en la mercantilización de la universidad y, sobre todo, una vuelta de tuerca más del sistema para uniformizar nuestras vidas.

La Universidad va camino de perder definitivamente el sentido crítico que alguna vez pudimos soñar que tuviese –ni tan siquiera soñar podremos- para mostrar su verdadera raison d’être, aquella que intuíamos y que ahora se nos muestra sin antifaz: su reducción a cadena de montaje de las piezas más delicadas de la Megamáquina: los técnicos, los especialistas de la miseria, los administradores de la nocividad de la vida moderna.

No quieren que nos desarrollemos como seres humanos, no quieren formar personas capaces de pensar por sí mismas, seres autónomos e independientes; rompen así con lo que era el objetivo –real o ficticio- de lo que antaño se llamaba educación. Ya no necesitan esconderse bajo unos valores en los que ni ellos mismos creían, ahora pueden mostrar sus verdaderas intenciones.

Quieren crear técnicos, burócratas, gestores, expertos capaces de tomar decisiones científico-técnicas con las que vender como racional un mundo y un sistema que hace mucho tiempo que dejaron de serlo.

Quieren que seamos robots, engranajes de la maquinaria, sujetos pasivos que ni ven, ni oyen, ni hablan; tan sólo preocupados de la tarea que nos han asignado, la tarea para la que hemos sido programados en nuestros años de facultad.

Quieren que seamos cómplices de nuestra propia miseria, convirtiéndonos en los colaboradores necesarios de la desintegración de la vida humana, víctimas-culpables puesto que colaboramos por pura docilidad con el sistema que nos condena a una vida reducida a la nada: a la de trabajar para consumir en un mundo cada vez más artificial y falso, como lo son nuestras experiencias.

Es por todo esto por lo que esta lucha va más allá de lo meramente educativo, escapa de las fronteras de ese ghetto en el que nos encierran para que no veamos del mundo nada más que aquello que quieren que veamos: el mundo del todo-va-bien. Mientras, nos hundimos a cada paso en la más absoluta de las miserias: miseria moral, social e intelectual.

La lucha, si de verdad quiere serlo, debe ser la lucha contra la miserabilidad de nuestras vidas, la lucha contra toda especialización, la lucha por una educación orientada a formar seres humanos autónomos y no autómatas despojados de su humanidad… La lucha por una Universidad no mercantilizada debe ser la lucha por un mundo no mercantilizado, lo demás es pura palabrería.

¡Recuperemos nuestras vidas!


Otros comunicados y manifiestos sobre el Plan Bolonia:

- Manifiesto aparecido en paredes de una facultad de la universidad complutense de Madrid

- El Plan Bolonia y tú con esos pelos: Invitación a pelear por el derecho a la educación


1 Comments:

Blogger Colibrí Lillith said...

Comparto totalmente este artículo. El comienzo de una sociedad humana debe ser una educación humanizada, sin ella perdemos el norte. No quiero ser pesimista, pero me temo que somos más inconscientes de lo que parece, me temo que será difícil dar este paso porque no nos damos cuenta de lo que nos hacen y, aunque nos demos cuenta, poco nos importa ya.

4:22 p. m.  

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