martes, noviembre 08, 2005

La vida secreta de las palabras


Muchos fueron los que pensaron que nada sería igual después de Auschwitz. Ilusiones de filósofos. Todo sigue igual. El proceso que provocó el exterminio de varios millones de personas está hoy más presente que nunca, puesto que el olvido intencionado -no del hecho espectacular de Auschwitz sino de las consecuencias morales para la Humanidad- impide que podamos reconocernos como víctimas y verdugos a un mismo tiempo, lo que implica que la barbarie se haya hecho cotidiana.

La barbarie sigue presente en nuestras vidas porque se encuentra en la misma base de nuestra forma de vida y su perpetuación es intrínseca a ésta. Y esto es así, hasta tal punto, que parece que estuviésemos esterilizados frente a sus terribles consecuencias. Ya no nos golpea esa realidad, porque parece que hemos aprendido a convivir con ella. Se ha hecho tan cotidiana que deberíamos pasarnos la vida golpeándonos el pecho y culpabilizándonos, pero estamos tan preocupados en disfrutar de las últimas migajas de vida que nos restan, que no podemos perder el tiempo en pedir perdón, en culpabilizarnos y, mucho menos, en tratar de cambiar la realidad o cuanto menos resarcir a las víctimas. El olvido es hoy una necesidad. Una necesidad para que el sistema siga su curso.

Contra ese olvido se alzan algunas voces. La de Isabel Coixet es una de ellas. Y lo es, ante todo, por la sencillez de su propuesta; sencillez que nos devuelve a una dimensión humana, algo que parecía ya olvidado. Su última película, La vida secreta de las palabras, quedará como una de las denuncias más sinceras de una de las peores guerras del siglo pasado, la de Yugoslavia, y, más en general, de las atrocidades que se cometen en todas las guerras y del olvido cómplice que las silencia.

Las representaciones cinematográficas de la barbarie del siglo XX -ya se trate de Auschwitz, Vietnam o Yugoslavia- caen constantemente en el simplismo de la recreación, quedándose en míseros intentos de plasmar lo monstruoso en toda su crudeza por medio de la imagen. Pero el horror no se puede representar, no nos lo podemos representar y el intento de mostrarlo a través de imágenes necesariamente falsas sólo contribuye a falsificarlo. Ninguna Lista de Schlinder podrá jamás recrear el horror de los campos de exterminio nazi. Por más que lo que se represente sea horrible, jamás se acercará a lo auténticamente monstruoso que fue Auschwitz. El intento del cine de mostrar la barbarie –sea Auschwitz o cualquier otra- en toda su crudeza no conduce más que a “apartarla en una representación” que, como tal, supone una falsificación. No se puede representar cinematográficamente, no se puede narrar la barbarie moderna.

Coixet se aleja intencionalmente –tanto en el tiempo como en el espacio- de la Yugoslavia en guerra, y es ese alejamiento, paradójicamente, el que permite la mayor cercanía con la barbarie que supuso la guerra de Yugoslavia. Lo que diferencia La vida secreta de las palabras de otras películas que han tratado temas parecidos es precisamente que no trata de representar el horror, porque sabe que es tarea imposible. Es por ello por lo que huye de la imagen y se centra en algo tan defenestrado en la actualidad como es la palabra. Es la palabra, acompañada de silencios que gritan, la que consigue situarnos cara a cara con la barbarie, con un fragmento de la barbarie concretado en una persona, la protagonista, logrando una sutil intimidad que no habría logrado con mil imágenes violentas.

La palabra se convierte en instrumento de la memoria, entendida como reflexión sobre lo acontecido, para mostrarnos lo que ocurrió, lo que le ocurrió a la protagonista, un rostro humano concreto con el que podemos identificarnos y experimentar ese dolor que es el de todas las víctimas. Todo para que no olvidemos en que mundo vivimos. Para que no olvidemos que en cualquier instante y lugar nos acechan los demonios de barbarie moderna. Esperemos que llegue un día en que películas como ésta no tengan cabida en el mundo. Hasta que llegue ese día, seguiremos dando gracias a gente como Isabel Coixet por obligarnos a enfrentarnos a la realidad, a esa realidad a la que tememos enfrentarnos.

2 Comments:

Blogger Colibrí Lillith said...

Brillante texto. Conmovedor.

Sólo espero que estas películas sirvan como lección, como advertencia, como reflexión profunda, a nivel universal, ojalá, y, bueno, acabar con la barbarie.

9:58 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

me gusta lo que dices.
Teresa

Persigue tu verdad y lo demás vendrá por añadidura.

Teresa
( http://www.esflog.com/3_a)

7:52 p. m.  

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